18 julio, 2024

La polémica ha muerto

Ingresamos en el final del primer cuarto del siglo XXI y Argentina presenta un fenómeno por demás llamativo. El que alguna vez fue un prolífico campo de debate entre intelectuales ha quedado en silencio, esto es, el género de la polémica, que implica una confrontación por escrito a raíz de una temática pública. Pero lo polémico, además, está atravesado por un estilo de escritura: el emisor defiende sus argumentos, lo hace para la posteridad, hay en él una voluntad de trascendencia y seriedad, va más allá de lo contingente. Así puede que suponga un futuro, la conciencia de un cambio, la advertencia sobre un error catastrófico, con variantes ancladas en lo posible o su falta. En sí, un conjunto de miradas por encima de las circunstancias del presente.

Ejemplo, y origen de este género, es J’accuse…! (Yo acuso) de Émile Zola, alegato en favor del capitán Alfred Dreyfus, como carta abierta al presidente de Francia, Félix Faure, y publicado por el diario L’Aurore el 13 de enero de 1898. Se adjudica a este caso la invención del término intelectual… Ahora bien, ¿qué polémicas ocurrieron en Argentina durante este principio de siglo? Tal vez una, cuya seriedad remite a un examen de conciencia más que atinente respecto al pasado del país. Se trata de la carta de Oscar Del Barco titulada “No matarás”, publicada en diciembre de 2004 en la revista cordobesa La Intemperie, dirigida por Sergio Schmucler.

La carta de Del Barco se origina en dos ejecuciones que narra Héctor Jouvé, exmilitante del Ejército Guerrillero del Pueblo (EGP), en una entrevista publicada en La Intemperie (octubre y noviembre de 2004). Los ejecutados: Adolfo Rotblat (alias Pupi) y Bernardo Groswald. Internados en condiciones lastimosas en las sierras de Salta entre 1963 y 1964, ambos jóvenes no soportaron el régimen del grupo guerrillero y Jorge Masetti, comandante segundo (porque el primero era el Che Guevara), resolvió que debían ser ejecutados por el riesgo de traición que representaban. Jouvé presenció el fusilamiento de Groswald y dijo: “Yo creo que fue un crimen, porque estaba destruido, era como un paciente psiquiátrico”. Al poco tiempo, los sobrevivientes son detenidos por la Gendarmería. El primer intento guerrillero apoyado por el Che había fracasado. Jouvé transitó por distintas prisiones, incluyendo el Penal de Rawson. 

El doctor en Sociología Nicholas Rauschenberg publicó un extenso y minucioso trabajo titulado “El debate ‘Oscar del Barco’: memoria subterránea, contradicción performativa y el lugar de la historia de la violencia política” (Question, Vol. 1, Nº 65, abril 2020, UNLP), donde aborda las repercusiones de dicha polémica que involucró, entre otros, a Eduardo Grüner, Jorge Jinkis, Juan B. Ritvo, Horacio Tarcus, Elías Palti y León Rozitchner. El lector encontrará en este documento la profundidad de tales intercambios. 

El ideario político de turno (Carta Abierta, por ejemplo) no generó polémicas sino la exposición de los fundamentos del poder, algo así como una libertad vigilada por el Estado. Luego, los debates en torno a la legislación, como las leyes del aborto y matrimonio igualitario, pertenecen al campo político de un Estado, otra vez, dictando normas. ¿Por qué el campo intelectual debe estar sometido a la operación del mismo? ¿Acaso es perfecto e incuestionable? No, de ahí el Yo acuso de Zola, que convulsionó a toda Francia.

Puede el lector oponer como polémica un debate acotado sobre la supuesta humillación que sufriera el escritor Osvaldo Soriano durante un reportaje, o clase abierta, por parte de alumnos de Literatura en Filosofía y Letras, UBA, supuestamente provocados a ello por Beatriz Sarlo. La publicación de esta “denuncia” se realizó en el suplemento homenaje al escritor de Página/12 (febrero de 2007). Es lamentable que el tono y las formas de Guillermo Saccomano cancelaran una discusión posible en torno a la enseñanza de la literatura universitaria. Llama a Beatriz Sarlo tilinga y soberbia, además de violenta. En su nota titulada “Punto final” escribe: “Lo que acá se estuvo discutiendo no fue solo la veracidad de la anécdota que contó Bayer (Soriano humillado en la universidad) sino qué visión de la literatura se les imprime a quienes estudian nuestras letras. Y esta visión es política. ¿Acaso hace falta recordar que en toda interpretación de un texto –se trate de Walsh o de Copi– se discute también, en esta Argentina saqueada, qué modelo de país y sociedad se quiere? Que quede claro: si acá hay una violencia es la de Sarlo”. Violencia, tomemos nota.

El 26 de junio del año pasado, publicamos en este suplemento un reportaje a Oscar Del Barco por Diego Tatián. A los 94 años afirmaba: “No podemos convertir nuestros deseos y nuestras experiencias en imperativos morales. Si se asume la conciencia de lo libre-ontológico, cada uno de eso absoluto debe asumir sus actos sin fundamentos, sin más allá. Hay que elegir y atenerse a las consecuencias. Tenía razón Sócrates. Claro, lo mataron”. Otra nota: muerte.

Hay una materia pendiente conformada por la muerte y la violencia en Argentina, incluyendo entre las dos el racismo. Puede ser que cierta nube de censura por corrección política haya impuesto silencio a la polémica. Porque no alcanza con impostar los límites de lo mediático, la hiperconexión por redes sociales, la circulación de teorías paranoicas o posverdades. El pensamiento elude todo tipo de estrategias adormecedoras; entonces, ¿qué puede estar amenazando su expresión? Volvamos a las notas tomadas: la letra no entra con sangre.

Lo que no subrayó Del Barco en el reportaje a Jouvé tal vez explique, en parte, el silencio. Esta especie de poscolonialismo cultural que ya en 2004 advertía Héctor Jouvé (ver columna “Para que nada cambie…”), ¿genera una masa de discursos promovidos cuyo efecto es un arma de disuasión para quienes intentan cuestionar los sistemas sociales? La agenda impuesta por la globalización se suma a los factores que obturan la posibilidad de un intercambio intelectual.

No podemos ignorar cierta dependencia poscolonial de París como núcleo del pensamiento a importar (al fin, lo rioplatense es zona de contrabando histórico de bienes, hasta hoy, que implica granos, automóviles y droga). Importar, también, contiene el significado de importante. Lo importante es lo importado, lo valioso, como si lo que está aquí no lo fuera. Es como si a Ortega y Gasset se le hubiese contestado: las cosas de los argentinos carecen de importancia.

El 29 de enero pasado la filósofa y escritora Diana Sperling publica en La Nación el artículo “El caso Fernando Báez Sosa: la foto y la película”, donde concluye: “La palabra ‘causa’, en griego aitía, antes de convertirse en un concepto abstracto de la filosofía y la ciencia, era algo bien concreto: aitiós significaba ‘asesino’. El que causa la muerte de otro, y por eso debe ser encausado. Tal vez nunca sepamos (posiblemente, también ellos lo ignoran) el motivo de la conducta criminal de los ocho acusados. La mente es un laberinto casi indescifrable. Lo único que podemos afirmar y sostener es que la ley es para todos, y sanciona las acciones de los sujetos que eligieron ignorar la prohibición fundante de la existencia humana: no asesinar”. Otra nota: no matarás ya no se trata de un mandamiento sino de una prohibición fundante.

Lo instantáneo de las redes sociales, que disimulan la urgencia narcotizando al observador, ya con la guerra o con cualquier horror filmado, ofreció pruebas visuales para condenar a los asesinos de Baéz Sosa. Incluso, uno de ellos, incorporando la lógica del cine snuff (género maldito), filmó parte del ataque donde la víctima ya no es ni piltrafa de un ser humano.

México es un país atravesado por la violencia y la muerte de manera brutal. A continuación tomamos dos intentos de reflexión para una polémica que, tal vez, también es imposible, porque la situación mexicana tiene bajo amenaza al mismísimo Sócrates, si allí reencarnara. El 16 de enero pasado, Roberto Bernal publicó en La Jornada Semanal de México una introducción al debate entre Italo Calvino y Pier Paolo Pasolini, en torno a “La masacre del Circeo”, ocurrida en 1975, junto a dos cartas de ambos, traducidas por él. La masacre la perpetraron tres jóvenes neofascistas de familia acomodada, quienes secuestraron a dos jóvenes pobres para violarlas y torturarlas durante dos días; a raíz de esto una muere y la otra sobrevive simulando su propia muerte. Italo Calvino publica un artículo reflexionando sobre el hecho, Pasolini le responde con una carta furiosa (Il Mondo), con el título “Usted dijo”, actualización del título Yo acuso.

Italo Calvino, polemista herido, escribe a quien se lo llevó la violencia misma, una “Última carta a Pier Paolo Pasolini” (Corriere della Sera, 4 de noviembre de 1975): “Ahora ya no podré escapar a la personalización, porque se trata de su muerte; pero mucho menos quisiera hacerlo. Él vinculaba siempre el discurso general a su experiencia de vida; y esta mezcla de vida y obra se encuentra en las circunstancias de su muerte. Pero, a pesar de que él nunca intentó ocultar nada, creo que su vida privada solo le concernía a él; nosotros no podemos juzgarlo. Lo que sabemos de su muerte es de una simplicidad rudimentaria pero, cuando se llega al momento de su asesinato, todo queda por explicar. Yo diría que, tanto si todos los hechos están aquí como si nuevos datos intervienen para enturbiar los acontecimientos, vamos a seguir preguntándonos por qué”.

¿Alguien se pregunta seriamente por qué ocurren hasta hoy este tipo de violencias tanto en México como en Argentina, o en cualquier otro país de América? Porque los crímenes contra las mujeres no cesaron, las protestas de Ni Una Menos y el rol del Ministerio de la Mujer, al igual que la ley que endurece este tipo de crímenes, no disuaden ni disminuyen las agresiones. ¿Será que cualquier ensayo es superado por lo real, que adopta el carácter de horroroso, innombrable, incluso indescriptible?

El caso del niño Lucio Dupuy, asesinado a los 5 años por su progenitora y la pareja de esta, en la provincia de La Pampa, no solo muestra el odio y la furia, sino la deshumanización de la víctima, al punto de sufrir tortura, abuso sexual y hasta intento de canibalismo para castrarlo, cuestión que horrorizó al médico forense. Varios niños han muerto, o fueron heridos, en tiroteos tanto en Rosario como en barrios pobres de Buenos Aires; son blancos móviles, bajas aceptables para la lógica narco o de guerra entre bandas delictivas y sus sicarios. Ni la infancia está a salvo. ¿No es todo esto motivo de una polémica?

Claudio Lomnitz es un escritor, antropólogo social y profesor chileno-mexicano, catedrático de la Universidad de Columbia, miembro del Colegio Nacional de México, donde brindó una conferencia en dos partes, la primera el 31 de mayo de 2022, disponible en YouTube. El título: “El canibalismo, hoy”. Su intervención parte del canibalismo en México hacia 1989, en torno a un escándalo conocido como los “narcosatánicos”. Luego realiza un análisis sociológico, político y moral del fenómeno, que hoy tiene participantes activos en los miembros de los carteles de la droga. Rituales caníbales de iniciación y fidelidad, para la implantación de un sistema sin ley ni principios. ¿Esta notable intervención generó alguna polémica? Adivinaron.

Las iniquidades contemporáneas exceden este espacio. Pero puede ser que su acumulación sea un motivo más que decisivo para el silencio del campo intelectual. No solo se produce una situación de horror, sino también de terror. Con la población como rehén de bandas que extorsionan, como en Rosario –donde la incorporación de pobres excede a la capacidad de “empleo” del narcomenudeo (y basta el ejemplo mafioso de Calabria y Sicilia)–, la condición primaria de los ciudadanos es ocultarse de los asesinos, acaso hacerse invisibles, una tarea del orden de lo fantástico. Más aún si las fuerzas armadas intervienen para combatir el delito.

¿Se puede polemizar cuando lo elemental es sobrevivir? ¿No se está borrando lo público amenazándolo con la precariedad y la indefensión? La deshumanización del otro, la anulación de toda norma al reemplazarla por la brutalidad sin códigos, ¿no provoca un silencio mortuorio dando lugar a la impunidad de lo siniestro? Horror y terror, dos palabras con sonoridad reiterada. Ya vivimos eso en Argentina, la pregunta es: ¿por qué de nuevo? La falla, o insuficiencia, de esta nota es evidente, pero vale subrayarla: ¿la muerte de la polémica es un asesinato? Y la empatía por la honestidad intelectual también demanda: sin polémica, ¿no se provoca un silencio cómplice?

Para que nada cambie…

Por Héctor Jouvé*

Y ahora hay una cantidad de cambios para que no cambie nada. Porque este es un sistema que va cambiando cosas, va revolucionando un montón de cosas todos los días para que no cambie nada, para que la esencia misma del sistema siga siendo igual. Por ejemplo: todas las grandes empresas tienen fundaciones que hacen obras de caridad, que les pagan a Greenpeace, a Médicos sin Fronteras, a un montón de organizaciones donde trabaja gente sana, desinteresada, que va para ayudar a gente que sufre… Como nosotros quisimos hacer la revolución nuestra, la íbamos a hacer para que la gente viviera bien. Pero pienso que lo mejor de la juventud estuvo también en las luchas obreras, que lo hacían para que sus compañeros vivan mejor. Digo… La gente que se puso a hacer algo por el otro… Pero eso que pasa hoy, donde las grandes corporaciones multinacionales están apoyando proyectos para los chicos de la calle, para esto, para lo otro, estas cosas, antes no existían. Después de haber desangrado pueblos enteros para hacerse multimillonarios, te arman una fundación y parte de eso que han saqueado a la gente lo devuelven en obras de caridad. Estos son los cambios de los que hablo. Las ONG son compradas por esos organismos, porque son los que les tiran la guita para que hagan lo que hacen, entonces se convierte en un negocio más. ¿Me entendés?, esto es lo que ha logrado el capitalismo. Te dicen: “Vos tenés todas las libertades, podés optar por lo que vos quieras”. ¿Te vas a hacer feminista? Sí, no hay problema, hacelo, te ponemos el Banco Mundial y te pagamos. ¡El Banco Mundial les da guita a los grupos feministas! ¿Para los derechos humanos? ¿Lucha contra el racismo? ¡Pero claro que sí! Acá hay guita: se la pone el Banco Mundial o se la pone cualquier fundación de las grandes corporaciones. Pero no te metas con otras cosas. No vayas a querer demostrar que haría falta vivir de otra manera, que no vamos a ningún lado sino al que ellos quieren, que no podemos decidir hacia dónde queremos ir. Esto de comenzar a pensarnos desde otro lugar… De todas maneras no podemos evadir la alienación, hasta nos han hecho creer que si no tenemos la multiprocesadora Moulinex somos infelices, entonces, la gente sufre por lo que no tiene. Y yo me pregunto: ¿cómo van a sufrir por lo que no tienen, si tienen un montón de cosas de las que podrían disfrutar? Pero bueno, no importa, lo que tenemos no lo disfrutamos y lloramos por lo que no tenemos. Entonces, ¿cuál es el placer más grande de la gente, hoy? Ir al híper, cargar los carros y salir con un montón de cosas, ¿por qué? Porque nos hemos convertido en “monos recolectores”. Toda esta alienación, toda esta segmentación social llevada casi al infinito, todo este sistema alienado donde todo se mezcla en una cosa que es insoportable: se mezcla el chorro de la esquina con el piquetero de cualquier corriente, se mezcla el secuestro con los marginados, entonces ahora son todos delincuentes y por portación de cara te llevan preso. Entonces hacé todo lo que quieras con los derechos humanos, pero no te metas a cuestionar el sistema porque ahí te cortamos las manos.

*Publicado originalmente en revista La Intemperie, Córdoba.

También te puede interesar

Fuente: Perfil

Redacción