18 julio, 2024

Inversión en libros

Llegó a mis manos el más reciente número de Quatro Cinco Um, revista de crítica literaria brasileña, con sede en San Pablo, tal vez la mejor de Latinoamérica, dirigida por Paulo Werneck. El estilo de la revista retoma algo de las publicaciones anglosajonas, como New York Time Review of Books o, más lejanamente, TLS, de Londres, cuyo recalcitrante conservadurismo la convierte en la mejor del mundo en su género. Pero este número de Quatro Cinco Um, además de una inmensa sucesión de reseñas de libros (¡ah, se acuerdan cuando los suplementos culturales argentinos traían reseñas!) y de entrevistas a escritores, incluye algo inhabitual, poco presente en números anteriores, que es una serie de entrevistas a sociólogos y politólogos en torno a la situación en que quedó el Estado brasileño luego del gobierno de extrema derecha neoliberal de Bolsonaro (traducido entre nosotros, es imprescindible entender a Macri, Milei, Bullrich, y al intelectualmente brillante Larreta como expresiones que lo son. O dicho en otros términos: es imprescindible comprender al neoliberalismo como el totalitarismo de nuestro tiempo). Es decir, la revista propone, en esas entrevistas, la confección de un balance sobre un Estado, el brasileño, que en varios de sus aspectos quedó en ruinas. Esa discusión, clave y nodal para la vida pública y para repensar la posibilidad de una política justiciera y emancipadora, se encuentra ausente entre nosotros. O aparece de manera fragmentaria. No en la extrema derecha argentina (Macri, etc., etc.), que ya sabemos lo que piensa (porque la extrema derecha piensa, y mucho. Esta idea boba del progresismo –valga la redundancia– de suponer que la derecha no piensa me es insoportable, y opera como la antesala del triunfo de la extrema derecha) sino en el propio progresismo, hoy en el gobierno (creo, no estoy muy seguro de que nos gobierne el progresismo) que hace de la mediocridad intelectual, la chatura política y la mendicidad posibilista su tarjeta de presentación.

Pero no. No era acerca de esto sobre lo que quería versar hoy, sino contar una hermosa noticia que me ocurrió la vez pasada. ¡Gané el Loto! ¡Soy millonario! Y con ese fangote de guita corrí hacia una librería y lo invertí todo en un libro de la editorial Trotta. No me quedó un mango, pero quién me quita lo bailado. El opúsculo en cuestión es Mesianismo y violencia, de Petar Bojanic, traducido por Roberto Navarrete, quien también escribe una “Nota a la traducción” que supera las advertencias técnicas sobre la traducción (del inglés del que fue traducido el libro, de un autor nacido en Belgrado) y que funciona como una breve introducción, tan interesante como el texto de Bojanic. Libro que se inserta en la tradición derridariana, pero no de un modo dogmático sino, al contrario, en un escenario de discusión con la deconstrucción para, de Rosenzweig a Lèvinas, y de Benjamin a Hegel, repensar esa dupla –violencia y mesianismo– que marcó –y todavía marca– el horizonte filosófico-político de la modernidad. El capítulo “El amor al enemigo”, en especial en la tradición judía, está, sin dudas, entre lo mejor que se escribió sobre el tema: “Si debe ser real, el amor judío al enemigo tiene por lo tanto que ser completamente diferente. Porque aquí la realidad no es la de una comunidad agraciada con la victoria, sino con la derrota”.

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Fuente: Perfil

Redacción