15 julio, 2024

Caso Báez Sosa: los ocho segundos ‘ciegos’ que alejaron a Blas Cinalli de la perpetua

En el dedo meñique de la mano izquierda de Fernando Báez Sosa los peritos encontraron el perfil genético de Blas Cinalli (21). Fue uno de los que se jactaron en sus mensajes de WhatsApp de que “habían matado a uno”. También es uno de los que están en el video del comienzo del ataque que filmó Lucas Pertossi. Pero para los tres jueces del Tribunal Oral en el Criminal (TOC) 1 de Dolores no quedó fehacientemente corroborado durante el debate que le haya pegado “directamente” a la víctima. Ese margen de duda lo favoreció, por eso resultó uno de los tres condenados como “partícipes secundarios” a 15 años de prisión. La explicación. 

Es que una ventana “ciega” de 8 segundos en los no hay registro fílmico del accionar de los ocho acusados de cometer el crimen hace tres años en Villa Gesell. Sumado a que no fue mencionado por los testigos como uno de los agresores directos de la víctima, lo ubicaron en una mejor posición con respecto a sus otros cinco amigos que recibieron “perpetua”. 

El “beneficio de la duda” (como está estipulado) jugó a favor de Cinalli. La presidenta del Tribunal, María Claudia Castro, y acompañada en su decisión por sus dos colegas, destacó que los videos fueron un aporte fundamental en el esclarecimiento de los roles de cada uno de los condenados, pero también aclaró que lo que no se visualizaba se complementaba con el relato de los testigos, que según calificó fueron “aún más relevantes” y de “absoluta credibilidad”, además del apoyo de todas estas pruebas con las pericias científicas. 

Así dividió a los acusados entre los que le pegaron “directamente” a Fernando “para provocarle la muerte” y los que no lo agredieron, por lo que le atribuyó un rol prescindible en el desenlace fatal.

Según se describió en el fallo, el ataque a Fernando duró “no más de cincuenta segundos”. Los primeros siete fueron registrados por Lucas Pertossi (23). Ese video fue clave (y condenatorio) para su primo Ciro Pertossi (22) y para Enzo Comelli (22), ya que se los ve a ambos golpear a la víctima en simultáneo: uno por la espalda y el otro de frente. En esa misma filmación, se observa de espalda cuando Cinalli camina hacia el lugar del primer ataque y Fernando queda de rodillas frente a él tras los primeros golpes de puño. En ese momento, Lucas deja de filmar.

A partir de ahí, hay ocho segundos “ciegos”, y luego el accionar de los condenados se observa en otras dos filmaciones de testigos ocasionales. Una fue tomada desde la vereda de enfrente, sobre el boliche Le Brique. Mientras que la otra se la captó desde la misma vereda donde ocurrió el crimen, y allí se ve a Ciro darle la última patada a la víctima y luego se ve cómo se retira parte de los jóvenes oriundos de Zárate. 

La explicación. “Esos ocho segundos –que podríamos llamar “ciegos”– en los que se desconoce su actividad no fueron complementados por otras pruebas que permitan demostrar que haya desplegado una acción imprescindible para la consumación del hecho. Esta circunstancia me impide atribuirle otro rol que no sea el de partícipe secundario”, a esa conclusión arribó el Tribunal con respecto a Lucas Pertossi para condenarlo a 15 años de prisión. Y en esa misma línea argumentó el rol de Cinalli y se basó en las pruebas certeras en su contra para ubicarlo como “partícipe secundario” (a estos dos se les suma Ayrton Viollaz).

“En relación con Blas Cinalli, su situación no difiere en lo sustancial respecto de los otros dos partícipes secundarios. Puntualmente, en el video registrado de la vereda de enfrente al lugar del hecho, se lo observó golpeando a Tomás D’Alessandro (N.d.R.: amigo de Fernando) en la parte trasera del vehículo, visualizándose que deja de hacerlo, camina por el costado del vehículo hacia adelante y vuelve hacia atrás. Esta circunstancia analizada a la luz de los testimonios recabados instala en mi ánimo un estado de duda que debo resolver en favor del acusado”.

¿Y el perfil genético en el dedo de Fernando? Los jueces le buscaron una explicación a ese hallazgo. “Si bien no escapa a mi conocimiento que en el hisopado tomado de una de las uñas de las manos de la víctima se detectó ADN –mezcla– con el perfil genético de Blas Cinalli, lo cierto es que también se demostró que fue uno de los primeros que tomaron contacto físico con Fernando Báez Sosa al momento del inicio del ataque. Ello se advierte en las imágenes obtenidas del video filmado por Lucas Pertossi”, detallan. 

“Esta circunstancia –continúa– me permite inferir que probablemente Cinalli, solo en ese primer momento, haya tomado contacto con el cuerpo de Báez Sosa, lo que podría explicar de algún modo aquel hallazgo pericial. Más allá de estas probabilidades, los testimonios analizados, aunados a que se observa a Cinalli en el video fuera del foco central del ataque, obturan la posibilidad de sustentar probatoriamente la coautoría que los acusadores le endilgaron al nombrado”. Así los magistrados se apartaron del “todos hicieron todo, todos le pegaron a Fernando”, planteado por la fiscalía y los abogados de los padres de la víctima. 

Los jueces destacaron que Cinalli no fue mencionado por los amigos de Fernando o por los testigos presenciales como agresor directo de Fernando. Tampoco en su ropa se encontró el perfil genético del estudiante de abogacía, como sí ocurrió con las prendas de vestir que llevaban en el momento del hecho Máximo Thomsen, Matías Benicelli y Luciano y Ciro Pertossi. 

Entonces, se supone que Cinalli quedó enfrentado con Fernando “solo en ese primer momento”, pero inmediatamente se sumó al segundo foco de ataque. Es decir, cuando se lo ve golpear al amigo de Fernando junto a Lucas Pertossi en la calle cercano al cordón, mientras que el otro grupo “golpeaba con brutalidad” a Fernando. 

“Nunca le pegué a Fernando Báez Sosa”, había dicho Cinalli cuando declaró ante los jueces. Y él también le buscó una explicación al ADN en el dedo de la víctima, pero el contacto lo ubicó lejos de la escena del crimen: adentro del boliche. Ahí deslizó que tal vez había sido la víctima con quien había tenido el “altercado” que derivó en la expulsión de todos del local bailable. La balanza se inclinó a su favor.

Preferirían ir a la cárcel de Campana

Los ocho condenados por el asesinato de Fernando Báez Sosa estuvieron la mayor parte de los tres años que llevan detenidos en Alcaldía N°3 de Melchor Romero, en La Plata. Hicieron un paso por el penal de Dolores, donde fueron alojados al principio del caso y, momentáneamente, durante el juicio que se llevó adelante en esa ciudad bonaerense. 

Ahora que fueron condenados, la cuestión por definir es adónde serán trasladados y cuándo. Hoy es un misterio. ¿Cuáles son las alternativas? El complejo penitenciario de Campana y Sierra Chica, en Olavarría, son dos posibilidades. 

En paralelo a esta definición está el camino que iniciaron las tres partes para apelar la decisión del Tribunal Oral en lo Criminal 1 de Dolores. Por eso en este contexto, algunos aventuran que se estarían tomando un tiempo para definir adónde serán llevados, ya que en el lugar en donde se encuentran es para quienes cursan una prisión preventiva. Entonces, el Complejo Penitenciario de Campana podría ser una opción por una razón valiosa a considerar: la cercanía con la familia de los ocho rugbiers, que son oriundos de Zárate. 

El complejo cuenta con tres unidades penitenciarias: la 21, la 41 y la más nueva, la 57. Esta última se mencionó periodísticamente, porque es una cárcel pensada para jóvenes con buena conducta. Pero se debe cumplir una condición más: tener una pena inferior a los cinco años. Lo que no se condice con la sentencia que recibieron. 

La U.41 es de régimen cerrado de mediana seguridad y está destinada al alojamiento de internos de sexo masculino y considerados de buena conducta, se informa en la página del Servicio penitenciario bonaerense (SPB). Mientras que la U. 21, también, es de régimen cerrado, pero con dos modalidades: estricta y atenuada. Ambos penales cuentan con equipo de rugby. Son los Legionarios y Los Templarios, actividad que se realiza con el fin de mantenerlos activos y trabajar en valores y en la resocialización.  Hasta cuentan con una cancha con las medidas reglamentarias.

Otra opción que se mencionó esta semana fue la Unidad 2 de Sierra Chica, en Olavarría. A 400 kilómetros de Zárate. Es un penal de régimen cerrado, inaugurado en 1882 y en donde ocurrió el histórico y sangriento motín comandado por “los 12 apóstoles” donde murieron ocho internos.

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Fuente: Perfil

Redacción